Hermandad de la Amargura

RESEÑA HISTÓRICA DE LA HERMANDAD DEL CRISTO DEL AMOR Y NUESTRA SEÑORA DE LA AMARGURA

Apuntes históricos sobre la Hermandad

La “Hermandad de la Amargura” es en realidad el resultado de las sucesivas fusiones de distintas Corporaciones establecidas canónicamente en la parroquia de San Sebastián. Así, en primer lugar, ha de mencionarse la Hermandad Sacramental (siglo XVI). Con posterioridad, se fundan la Hermandad de Ánimas y la Hermandad de la Concepción, de las que sólo cabe dar una datación aproximada (siglos XVI-XVII). Estas tres Hermandades se fusionaron en una sola a principios del siglo XIX (1819). Ya en la centuria posterior (1939), se funda la Hermandad de penitencia del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora de la Amargura, que años más tarde se fusionó a su vez con la entonces Hermandad Sacramental, Ánimas y Concepción (1949). Se trata, pues, de cuatro Hermandades originarias que se encuentran reunidas en el momento presente en una única Corporación, que cuenta con una dilatada historia y es heredera y depositaria de una secular forma de manifestación y vivencia de la fe cristiana en Alcalá.

Los datos de las Corporaciones más antiguas, ciertamente muy escasos, proceden fundamentalmente del Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla y de la obra de nuestro insigne paisano el Padre Leandro José de Flores, cura que fue más antiguo del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, titulada “Memorias históricas de la villa de Alcalá de Guadaira”.

Hermandad Sacramental

De su existencia hay ya noticias en la primera mitad del siglo XVI. En efecto, el documento más antiguo que se conserva es un testimonio notarial de 1562 solicitado por Bartolomé de Carmona, clérigo presbítero de la Iglesia de San Sebastián ante el notario Francisco Núñez Vasurto y el M. Rvdo. Sr. Vicario Santiago Bohórquez. Por este documento el citado sacerdote pretendía demostrar que en la villa de Alcalá de Guadaira no existía Hermandad del Santísimo Sacramento que tuviese bulas ni gracias concedidas, salvo las que estaban concedidas a la de San Sebastián, y de que tenía hecha presentación ante el lustre Señor Provisor de Sevilla. Fueron testigos Pedro de Escobar, clérigo presbítero, beneficiado, de sesenta y un años; Pedro de Carmona, cura de Santa María, de cuarenta años; Diego de Alanís, cura de Santiago, de cuarenta y seis años, y Francisco Rodríguez, clérigo, cura de San Miguel. Declararon dichos testigos no haber otra bula ni gracia; y como la agregación a la Minerva no se concedía a dos en un pueblo, parece que fue por esto por lo que se realizó la información citada.

Igualmente indica el Padre Flores que existían dotaciones a favor de la Sacramental en el siglo de 1500 y que en 1602 y 1622 había octava de Corpus. Por lo demás, en la Hermandad se conserva un libro titulado “Protocolo de los tributos que tiene la Cofradía del Santísimo Sacramento de San Sebastián de Alcalá de Guadaira. Año 1689”. En dicho libro se relacionan memorias, donaciones, censos y fundaciones pías a favor de la Hermandad, datando las más antiguas de 1575. Igualmente se sabe que el 12 de abril de 1601, por escritura pública se cedió a la Cofradía del Santísimo Sacramento de San Sebastián una casa en la calle Mairena. Dicha cesión fue realizada por los esposos Don Melchor Tirado y Doña Juana López, en cumplimiento de la voluntad de Doña María Ruiz, madre de Doña Juana. La donación se realizó a perpetuidad con la condición de que la Hermandad Sacramental corriese con los gastos de entierro de Doña Juana y de su hija Leonor, y de que cada año se celebrase una misa cantada en sufragio por su alma en la Octava de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora, con ministros, caperos, sacristán y organista.

Asimismo, explica el Padre Flores que la Hermandad del Santísimo expuso al Sr. Provisor que, estando Su Divina Majestad en un altar sin capilla, quería hacerla nueva y que se enterrasen en ella sus hermanos. El Sr. Vicario informó con el Mayordomo el 15 de noviembre de 1660 que no perjudicaba esta obra a la Iglesia, antes era de mucho ornato y estaría el sagrario con más decencia y se podía conceder el enterramiento pagando ocho reales cada uno que se enterrase para la fábrica y cuatro si era cuerpo pequeño; mas si se enterraban con caja habrían de pagar el doble; y que la Hermandad por la concesión del sitio pagase a la fábrica diez libras de cera el Jueves Santo para poner alrededor de la custodia en el Monumento y la que fuera menester para las vísperas en la Octava de Corpus, en que está manifiesto el Santísimo. El 19 de noviembre de 1660 concedió la licencia el Sr. Provisor y se otorgó la escritura con las condiciones del informe el día 22 siguiente ante Domingo de Castro, diciéndose en ella que el sitio estaba en la misma Iglesia y lindaba con el altar de las Benditas Ánimas.

Hermandad de Ánimas

Se trata de la Hermandad con menor número de referencias. En todo caso, se sabe de su existencia en 1662, fecha en que se llevó a cabo un frustrado intento de fusión con la Hermandad Sacramental y con la Hermandad de la Concepción. Probablemente la Hermandad de Ánimas existiera ya en el siglo XVI, pues el padre Flores señala que contaba con dotaciones a su favor en el siglo de 1500. En concreto se citan fundaciones de 1590.

A lo anterior cabe agregar que el padre Flores indica que, frente a la capilla dedicada al Santísimo Sacramento y a la Inmaculada, se encontraba, en la otra nave de la epístola, la Capilla de Ánimas con el siguiente rótulo: “Siendo mayordomo de las benditas Ánimas Felipe Casado y Diego López, se hizo el retablo del Sr. San Cayetano y adorno de esta capilla a solicitud de su depositario Francisco Bulnes, año de 1773”.

En el estreno de esta capilla y de la dedicada al Santísimo Sacramento y a la Inmaculada hubo fiestas solemnes y un toro en la plaza de San Sebastián. Se hizo el juego particular de faroles con jeroglíficos de la Virgen para el Rosario de gala que salía por las noches con música y otra de tambores e instrumentos militares.

Hermandad de la Inmaculada Concepción

Las informaciones más antiguas de la Hermandad de la Concepción se remontan a principios del siglo XVII. Se trata de una concesión de indulgencias del papa Paulo V, fechada en julio de 1611, que se encuentra recogida en un pergamino de gran mérito artístico. Por consiguiente, la Hermandad había de existir con una cierta anterioridad (siglo XVI), ya que Roma le concedía los mencionados privilegios. En el mismo legajo del Archivo Diocesano se encuentra documentación sobre un pleito que en 1613 la Hermandad de la Concepción mantuvo con la Hermandad de la Purísima de la Parroquia de Santiago.

Debe tenerse presente que en la Sevilla del siglo XVII estalló con inusitada fuerza un fervoroso movimiento inmaculista. En 1613 los templos y las calles resonaron intensamente con las voces “María concebida sin pecado original”. También en Alcalá este movimiento tuvo importante eco, sumándose la Hermandad de la Concepción a esta piadosa creencia, más tarde proclamada como dogma de fe en 1854. De aquella época arranca la costumbre de celebrar la festividad de la Inmaculada con el voto o promesa de defender dicha creencia posteriormente dogma de fe, como se ha dicho hasta el derramamiento de la propia sangre, si fuera preciso.

Mención especial merece la bellísima imagen de la Inmaculada, tristemente perdida en el incendio del templo de 1936. Según tradición oral recibida de Don Manuel Alba Ramírez, hombre de profunda fe y amor a Jesús Sacramentado, la imagen de la Inmaculada Concepción, obra singular del escultor Duque Cornejo, fue adquirida a principios del siglo XVIII en un convento de Sevilla, sito en la calle Bustos Tavera, por un grupo de panaderos de los que a diario se trasladaban a Sevilla con su mercancía. Se conoce además, según cuenta el padre Flores, que el retablo en que se encontraba la Inmaculada se doró y estofó modernamente en relación con la fecha en que el padre Flores escribe (1833-1834) según el rótulo que tenía en su arco: “Siendo mayordomo de la Hermandad de Nuestra Señora de la Concepción Juan Luis Díaz Pescueso, se doró y se estofó esta capilla a solicitud de su depositario Francisco Bulnes”.

En fin, en el archivo de la Hermandad se conserva un libro que lleva por título “Quentas e Inventarios de la Hermandad de la Concepción de San Sebastián de Alcalá de Guadaira. Julio 1758, siendo Mayordomos Diego Álvarez Trigo y Juan Moreno el Menor Díaz”. Se trata de un documento enormemente revelador, pues su lectura permite conocer tanto los enseres y pertenencias de la Hermandad como los cultos que llevaba a cabo.

Fusión de las Hdades. Sacramental, de Ánimas y de la Concepción

El 18 de noviembre de 1816 “quedaron arregladas y uniformadas las Ordenanzas de las tres Hermandades, reunidas en Cabildo General de todas tres”. Más tarde, el 2 de julio de 1817 se emitió dictamen sobre las mencionadas Ordenanzas por el Fiscal de S. M. el Rey, sin encontrarse en ellas “cosa que se oponga a las buenas costumbres ni a las Regalías del Soberano”. Estas reglas, que se conservan en el archivo de la Hermandad, fueron aprobadas el 7 de noviembre de 1818 por el Ordinario y el 6 de noviembre de 1819 por el Consejo de Castilla. La unión de estas tres hermandades, “sin perjuicio de la antigüedad que tengan o puedan tener”, se solemnizó el domingo 27 de agosto de 1820 con una función de acción de gracias, predicada por el padre Leandro José de Flores. Al ofertorio de la Misa se hizo voto de Concepción en manos del celebrante, no sólo por los hermanos, sino también por la mayor parte del vecindario que concurría y por el Ayuntamiento, que solemnizó con su asistencia la función de la mañana y las vísperas y procesión de la tarde, que con S. M. en la custodia de Santiago (o de Santa María) se hizo por la calle del Monte hasta la plaza de las Carnicerías, volviendo por la de La Plata y Hartillo a la parroquia. Hubo música, luminarias y fuego.

En 1821 se consiguieron del papa Pío VII numerosas gracias, indulgencias, jubileos y altares privilegiados, y la reunión con la Buena Muerte y Minerva de Roma. Al efecto se previno que se presentaran todos los breves y escritos a la Comisaría General de Cruzadas. Puesto el pase correspondiente el 3 de diciembre de 1821, la documentación llegó a nuestro pueblo el 8 de diciembre siguiente. Relata el padre Flores que “habiendo llegado a esta villa el día 8 de diciembre antes de principiarse la función a Nuestra Señora, se anunciaron al pueblo dichas gracias por él mí el predicador. A la noche salió el rosario de gala con música y con la imagen de la Concepción en su paso, subiendo hasta el Barrero y bajando hasta los cantillos de San Juan de Dios, colgada toda la estación y usándose cohetes y ruedas de fuego”. .

También por el padre Flores se sabe que estas Hermandades tenían esquila propia en la torre que había sobre la capilla de Concepción; mas en la obra de 1831 se quitó y mandó poner en la torre de la parroquia. A lo cual nuestro ilustre paisano agrega que se contaba con aparato para las funciones de iglesia en altar mayor con corona imperial que donó D. Álvaro Ortiz Tamayo y varias alhajas de plata cedidas por D. Juan Baso Báñez de Tejada y Dª Catalina Melgarejo. En fin, la hermandad de Concepción, entonces ya fusionada con la Sacramental y con la Ánimas, continuaba la devoción diaria del rosario a prima noche, teniendo también las mujeres su congregación bajo este título y con el mismo objeto.

Durante el resto del siglo XIX la historia de la Hermandad prosigue con la celebración de los cultos establecidos en las reglas, entre los que destaca la solemne función anual en honor de la Inmaculada, con asistencia de autoridades y fieles. De esta época se conserva un inventario de 13 de noviembre de 1873 y el libro de asiento de hermanos y hermanas, desde 1863 hasta los primeros años del siglo XX.

En 1904, con motivo del L Aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción por Pío IX hubo procesión con la imagen de la Virgen sobre unas parihuelas, haciendo estación de penitencia en la Iglesia del Convento de Santa Clara para que fuera venerada por la Comunidad de Franciscanas Clarisas. Por dificultades debidas a las gradas que hay en la puerta de la mencionada Iglesia y por temor a que la imagen se cayese, hubo necesidad de colocar las parihuelas en el suelo y de deslizarlas por el pavimento.

En 1929, siendo Hermano Mayor el insigne alcalareño D. Agustín Alcalá y Henke se celebró también una solemne procesión con la imagen de Nuestra Señora con motivo del LXXV aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción el 22 de diciembre a las tres y media de la tarde. La Hermandad del Santo Entierro facilitó uno de sus pasos. La procesión salió por la puerta del templo que existía hacia la calle San Sebastián, subió hasta el Barrero y bajo hasta el Ayuntamiento, que asistió corporativamente.

Poco después la historia de la Hermandad conoce graves desgracias, que terminan por sumirla en un período de profunda crisis, que se salvó con la fusión con la Hermandad de penitencia (1949).

Así, en la madrugada del 18 de julio de 1936 moría asesinado el que fuera su Hermano Mayor, Don Agustín Alcalá (1892-1936). Don Agustín era doctor en Derecho, si bien su trayectoria profesional discurrió en el ámbito agrario, especialmente en el negocio aceitunero a través de la firma “García Alcalá y Compañía”. Como empresario destacó por su moderna visión del negocio de la aceituna de mesa, pues inició su explotación industrial mediante almacenes de aderezo tan populares en Alcalá durante décadas que destinaban su producción fundamentalmente a la exportación al mercado norteamericano. Don Agustín creó numerosos puestos de trabajo y mostró una especial preocupación social, en línea con la doctrina de la Iglesia. Estuvo siempre dispuesto a atender las legítimas reclamaciones de los trabajadores y se mostró en todo momento proclive a la superación de conflictos mediante la negociación y el diálogo. La noche del 17 de julio de 1936, mientras se encontraba acompañado de unos amigos en el casino que se hallaba en la calle Nuestra Señora del Águila, frente a la casa donde nació según atestigua la lápida allí colocada, recibió tres disparos por la espalda de unos desconocidos que se dieron a la fuga. Trasladado urgentemente a Sevilla, falleció a la una de la madrugada siguiente habiendo perdonado antes a sus enemigos. Sus restos se encuentran sepultados en la Capilla del Sagrario de San Sebastián, cuya reconstrucción fue sufragada por la Asociación de Exportadores de Aceituna de Mesa de Sevilla en memoria de Don Agustín, que durante años fue su Presidente. En 1986, al cumplirse el cincuenta aniversario de su muerte, se celebró en la Capilla de los Salesianos un acto en memoria de Don Agustín gracias a la iniciativa de Don Francisco Caraballo.

En la madrugada del 19 de julio se produjo el incendio de los templos de nuestra ciudad, entre ellos el de la parroquia de San Sebastián, que quedó únicamente con sus muros y con su torre espadaña. Prácticamente todo el patrimonio de la Hermandad desapareció, pues sólo se salvó la esquila que estaba en el adosado de la torre; la corona imperial de plata, por encontrarse depositada en el domicilio de un hermano y el viril de plata, en cuya base se encuentra la siguiente inscripción: “Se iso este relicario siendo Mº Alonso García Miren i Ivan Ballesteros – Año 1713”. Este viril se salvó providencialmente, al quedar protegido por otros elementos que le cayeron encima durante el incendio. Fue descubierto entre los escombros por el celoso sacristán D. Miguel Comesaña y posteriormente se procedió a su restauración. Sin duda, la pérdida más lamentable para la Hermandad consistió en la destrucción de la bellísima talla de la Inmaculada obra de Duque Cornejo.

Fundación de la Hermandad de Penitencia

Tras una serie de conversaciones informales entre un grupo de amigos, de las que cabe destacar por su importancia la celebrada en el taller de D. Manuel Pineda Calderón, se celebró una reunión en el mes de abril de 1939 en la casa número 20 de la calle Gutiérrez de Alba, donde a la sazón hubo de trasladarse provisionalmente la sede de la Parroquia de San Sebastián por causa del incendio del templo acaecido en julio de 1936; reunión aquélla que puede considerarse el momento de nacimiento de la Hermandad.

Bajo la presidencia del entonces párroco Don Juan Otero, que acogió la idea con entusiasmo y siempre prestó su apoyo, asistieron –y presentamos la relación aún a riesgo de cometer alguna imprecisión- D. Diego García Lara, D. Félix Garrido Díaz, D. Francisco José Portillo Rodríguez, D. Antonio Ruiz Ruíz, D. Manuel García Casado, D. Jesús Hernández San Miguel, D. Manuel Pineda Calderón, D. Alejandro Ojeda Oliveros, D. Joaquín Espinar Antúnez, D. Antonio Ruiz Bono, D. Manuel García Galindo, D. Francisco Ramírez Rivas, D. Ceferino Álvarez Espinar, D. Antonio Ordóñez Romero, D. Manuel Silva Álvarez y D. Enrique Martín Rodríguez.

Del citado encuentro surgió el firme propósito de constituir una Hermandad de Penitencia, y se eligió una Comisión que, bajo la presidencia de D. Félix Garrido Díaz, se encargaría de los trámites encaminados a la obtención de la aprobación eclesiástica, así como de la adquisición de los primeros enseres

El primer acuerdo adoptado fue el título que había de darse a las imágenes titulares, siendo para el crucificado el de Santísimo Cristo del Amor Misericordioso (que sería solo Cristo del Amor desde 1949, por indicación de la autoridad eclesiástica) y el de la Virgen, María Santísima de la Amargura. Amor Misericordioso por haber existido en la Parroquia de San Sebastián por el año 1600 una cofradía llamada de las Angustias en la que se veneraba un Señor crucificado denominado de la Misericordia, el cual fue destruido durante el incendio de la  Parroquia de julio 1936, Una vez tomado este acuerdo, se procedió por dicha Junta Provisional a la realización de una colecta entre los asistentes, recaudándose así los primeros fondos de la Hermandad.

En cuanto a la túnica, dado que la jerarquía no hacía imposición alguna al respecto, se decidió que fuera de color blanco y cola, botonadura azul y el escudo de la Hermandad en el antifaz; escudo formado con la Cruz de San Juan, rodeada de una corona de espinas, que sería modificado tras la fusión con la Sacramental y adquiriría su forma definitiva en 1985; finalmente, el cincho de esparto en su color natural.

Desde ese día empieza la verdadera labor de cofrade, engrosándose de tal forma el libro de hermanos que a las pocas semanas se contaba con más de trescientos.

En el complejo entramado jurídico se contó con la inestimable ayuda de D. Avelino Esteban Romero, sacerdote que después predicó brillantemente en los cultos hasta en siete ocasiones y que por entonces desempeñaba sus funciones en el Palacio Arzobispal. Gracias a la amistad y paisanaje que le unían con uno de los fundadores, brindó consejo e inspiración. En cuanto a las reglas, se tomó como modelo las de la cofradía del Museo, que además ofreció su colaboración en otros aspectos, aunque obviamente se realizaron las debidas adaptaciones.

Por fin, el 8 de agosto de 1940, la autoridad eclesiástica otorga el decreto de erección canónica. El día 25 del mismo mes, con motivo de la procesión de la Virgen del Águila sale la primera representación oficial de la Hermandad con su estandarte, encargado a sus expensas por D. José Calderón Hermosín y confeccionado con bordado en oro en el sevillano convento de las Hermanas Adoratrices.

IMÁGENES Y PRIMERA SALIDA PROCESIONAL

La primera de las imágenes de que dispuso la Hermandad fue la de Nuestra Señora de la Amargura, cuya bendición, seguida de besamanos, tuvo lugar el 28 de diciembre de 1940. En la mañana siguiente se celebró Función Solemne en su honor. La talla, realizada por D. Manuel Pineda Calderón, fue donada a perpetuidad, según consta en documento conservado en el archivo de la Hermandad, por los hermanos fundadores D. Bernardo y Dª. Paulina Hermosín Ballesteros en sufragio de las almas de sus padres y su hermana. Los donantes entregaron esta Imagen Dolorosa tallada en madera de las llamadas de candelero, de un metro y sesenta y cinco centímetros de altura, vestida con ropa de camarín compuesta de saya de paño grana, manto azul, toca de crespón blanca y aureola de estrella en plata. Su precio fue de 1.500 pesetas.

Por su parte, la imagen del Santísimo Cristo del Amor, obra de D. Antonio Grajea Solís en madera de ciprés, fue donada a la Parroquia de San Sebastián por D. Carlos Alarcón de la Lastra. La historia fue como sigue: como consecuencia del incendio que durante la Guerra Civil asoló la parroquia, ésta había perdido todas sus imágenes. Enterado de tal desgracia, D. Carlos Alarcón ofreció al entonces párroco la donación de una talla y, comoquiera que en aquellos momentos iniciaba su andadura la Hermandad, su Junta de Gobierno pidió a D. Juan Otero que solicitara un crucificado. Así fue, y el 29 de marzo de 1941 tuvo lugar en la Parroquia de Santiago la bendición del Santísimo Cristo del Amor Misericordioso, para proceder posteriormente a su traslado en Vía Crucis y al besapié en el templo de San Sebastián. También a la mañana siguiente se celebró Función Solemne en su honor. Hemos de señalar que años más tarde, durante el mandato de D. José Garrido, esta talla fue restaurada por Pineda Calderón, adquiriendo entonces su forma actual.

Finalmente, en el mes de febrero de 1943 fue entregada la imagen de San Juan Evangelista, escultura realizada en madera de ciprés y pino flandes, en tamaño natural y policromada, cabeza, manos y piernas, también por Pineda Calderón. Fue donada a la Hermandad por Dª. Salud Gutiérrez de Beca y su precio ascendió a cuatro mil pesetas.

Tras esta sintética referencia a los Titulares de la Hermandad, llegamos al momento de la primera estación de penitencia, celebrada el Jueves Santo de 1941. Aquel año sólo salió el Santísimo Cristo del Amor, en paso realizado por los hermanos Álvarez espinar y cuyo presupuesto ascendió a 8.265 pesetas. El paso de 3,60 metros de largo por 2,20 metros de ancho se realizó con canastilla de cuatro ochavas y moldura, marco para respiraderos y maniguetas talladas en madera de haya esterilizada y barnizada en color caoba, parihuela y trabajadoras en madera de pino Flandes, torno y corredera para la elevación de la cruz y monte de corcho.

La salida fue de forma idéntica a como hoy se hace. Sin embargo, pocos años más tarde hubo que colocar cuatro candelabros de nueve luces, con objeto de que, dado el escaso alumbrado existente por aquel entonces en la vía pública, fuese debidamente iluminado Nuestro Señor. Las varas e insignias fueron encargadas al taller de D. Eduardo Seco, el acompañamiento musical corrió a cargo de la Banda Municipal y la cuadrilla del Gaseosero fue la encargada de llevar sobre sus hombros al Santísimo Cristo.

Formaban el cortejo penitencial noventa nazarenos, que tuvieron que satisfacer cuatro pesetas como cuota de salida. Antes de la misma, tal como prescribían las reglas, los penitentes hubieron de visitar, en primer lugar, al Santísimo Sacramento y, seguidamente rezaron un Credo antes el paso del Cristo y una Salve ante el altar de la Virgen. El itinerario fue el siguiente: Gutiérrez de Alba, San Sebastián, Santa Ana, Mairena (entonces, General Franco), La Plazuela (en aquellos días, Plaza de la Falange), Cervantes, Nuestra Señora del Águila, Herreros (en la época, Calvo Sotelo), Alcalá y Orti, Cervantes, La Plata (entonces, Héroes de Toledo), Sol, Pérez Galdós y Gutiérrez de Alba. Como se ve, dejando a un lado las alteraciones de la denominación de las calles, se trata del que ha seguido siempre la cofradía, hasta que en 1983 se acordó el leve cambio que suponía pasar por la calle Cristo del Amor antes de entrar en la calle San Sebastián.

PRIMEROS AÑOS

En 1942 salió por primera vez Nuestra Señora de la Amargura en paso también realizado por los hermanos Álvarez Espinar, en solitario y sin palio, dado lo infructuoso de las gestiones hechas a ese fin. Sin embargo, había salido anteriormente el 3 de marzo de 1941 en procesión de penitencia por las calles de Alcalá con motivo de la Santa Misión celebrada aquel año.

Al año siguiente acompañó San Juan a Nuestra Señora, que estrenó manto, corona, toca y saya.

Por fin, en 1945 se produjo la primera vez salida bajo palio. Era por entonces Hermano Mayor D. Diego García Lara, sucesor en el cargo de la segunda persona que lo desempeñara, D. Francisco Javier Portillo, cuyo efímero mandato, para el que fue elegido en 1944, llegó a su fin ese miso año. Los varales fueron adquiridos a la Hermandad de la Cena y la Pureza del centro, pintada por Pineda Calderón. Junto al palio, también se estrenó un manto, faldones para el paso de Virgen y veinte varas de insignia. A los pocos años de su fundación contaba ya la Hermandad con candelería completa de paso de Virgen, juego de jarras, bandera de Cristo y todas las insignias de vara para su Junta de Gobierno, así como cruz de guía y juego de bocinas.

El día de terminación de sus cultos, el 3 de marzo de 1946, se dio una limosna de pan entre un gran número de necesitados de Alcalá y al año siguiente se estrenaron candelabros de cola. Tras el breve mandato de D. Alejandro Ojeda durante 1948, fue elegido para presidir la Hermandad D. José Garrido Díaz, que hizo, pues, el número cinco en la lista de hermanos mayores. Bajo su gobierno se produjo un importantísimo acontecimiento, la fusión con la Hermandad Sacramental.

Fusión de la Hermandad de Penitencia con la Sacramental

Sin lugar a dudas, uno de los capítulos más destacados de la  historia de nuestra corporación lo construye la unión entre la Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora de la Amargura con la Hermandad Sacramental, Ánimas y Concepción de San Sebastián. El 27 de febrero de 1949,  se citó a Cabildo General Extraordinario a los efectos de reorganizar la Hermandad Sacramental y elegir la Junta correspondiente, mas no pudo celebrarse la sesión por no haber comparecido nadie.

Ante esa alarmante situación, el párroco Don Juan Otero, uno de los inspiradores de la unión, citó a diversos miembros de ambas Hermandades para tratar de nuevo de reorganizar la Hermandad Sacramental, cuya Junta de Gobierno había dimitido tras ocho años en el desempeño de sus funciones.

La reunión tuvo lugar en la Parroquia de San Sebastián, el día 26 de abril y a ella acudieron los señores que siguen: D. Manuel Alba Ramírez, D. José Garrido Díaz, D. Diego García Lara, D. Diego Fernández del Pino, D. Francisco Caraballo Mantecón, D. Pedro Rodríguez Sanabria, D. Víctor Garrido Díaz, D. José García Bono y D. Antonio Espinar Casado.

El resultado de la convocatoria fue la reorganización de la Hermandad Sacramental uniéndola a la del Stmo. Cristo del Amor y Ntra. Sra. de la Amargura, acuerdo que todos los asistentes rubricaron en el correspondiente acta y que, como al principio señalábamos, aprobó posteriormente también por unanimidad y aclamación el Cabildo General Extraordinario de la Hdad. del Stmo. Cristo del Amor celebrado el 11 de mayo de 1949.

Queda por último señalar dos breves apuntes. Tras la definitiva aprobación eclesiástica, verificada el 10 de enero de 1950, restaba determinar el título de la Hermandad que, tras la oportuna comprobación documental,  quedó de la siguiente manera: “Antigua, Pontificia, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental del Dios, Ánimas, Concepción y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora de la Amargura”. Por último, reseñamos que esta unión no fue una mera agregación de Hermandades. Desde muy pronto se tuvo presente que precisamente el título de Sacramental era el más importante y como prueba de ello basta acudir a los libros de actas donde encontramos numerosas intervenciones encareciendo, e incluso exigiendo, las obligaciones contraídas con el culto Eucarístico.

Pero no queda ahí la cuestión, sino que se ha realizado una auténtica restauración en esa faceta del culto. Así en 1952, 1953 y 1954 hubo Procesión Eucarística del Domingo de la Infraoctava del Corpus y desde 1976 se celebra Solemne triduo de preparación a la festividad del Corpus Christi, finalizando con la Exposición del Santísimo Sacramento tan señalado día. También desde 1976 se celebran misas diarias durante el mes de Ánimas en sufragio de hermanos y familiares de hermanos difuntos.

Finalmente, fiel a la tradición, la Inmaculada, cuya Función se ha celebrado ininterrumpidamente, salió procesionalmente en 1954, 1979 y 2004. En 1979, como brillante colofón a la labor desarrollada en el culto, presidió la Función Solemne S.E. Rvdma. el cardenal Bueno Monreal y ya en 2004, lo hizo S. E. Rvdma. el cardenal Amigo Vallejo.

La consolidación de la Hermandad (1949 -1969)

La historia de la Hermandad continúa. En 1951 es elegido Hermano Mayor el insigne alcalareño D. Francisco Caraballo Mantecón, que iniciaría al año siguiente la primera de las grandes obras materiales acometidas por la cofradía: la restauración de la Capilla de Ánimas, cuyo coste se estimó en unas ciento diez mil pesetas.

Los cuantiosos daños derivados del incendio del templo sucedido en 1936 ocasionaron que el monto total de las reparaciones a realizar fuese excesivamente elevado, por lo que en el caso de la Capilla de Ánimas el párroco, D. Juan Otero, hubo de limitarse a techarla y, ello aún, muy deficientemente. Dado lo precario del estado de la capilla que acogía a los titulares de la Hermandad, se decidió acometer la obra que resolviese definitivamente la situación. Para ello se contó con la ayuda del Capitán General de la Región Militar de Sevilla, Rada, quien se prestó a enviar soldados para los trabajos de albañilería. La obra consistió, pues, en techar convenientemente y solar y supuso un enorme esfuerzo económico.

Quedaban ya así restauradas las dos capillas de la Hermandad: la del Santísimo Sacramento, que en memoria de D. Agustín Alcalá financió la Asociación de Exportadores de Aceitunas de Sevilla tras acabar la guerra civil, y la de Ánimas, sede las imágenes titulares.

En 1953 sucede en el cargo a Caraballo D. Manuel Gallardo Navas, que dejaría paso a su vez en 1957 a D. José García Bono, cuyo mandato se prolongaría por espacio de diez años.

Los estrenos de este período no son numerosos. Entre otros, destacan los siguientes: plateado de juego de jarras del paso de Virgen, algunas varas y treinta túnicas (1956); altar nuevo (1959); varales (1960-1965); confección de palio bordado y estandarte, cuyo presupuesto era de cien mil y nueve mil pesetas, respectivamente (1964). Llama la atención en el capítulo económico la escasa cantidad que suponía el ingreso por papeletas de sitio sobre el costo total de salida de la cofradía. Así, mientras en 1957 se estimaba que este último suponía unas diecisiete mil pesetas, la papeleta de sitio se situaba en treinta pesetas. De estimarse un cortejo procesional de unos ciento cincuenta nazarenos sólo se cubría la cuarta parte del presupuesto. Nada tiene de extraño, pues, que año tras año se encareciera con extremado celo para la petitoria del Jueves Santo, por ser fuente de unos ingresos de todo punto imprescindibles.

Queda, por último, reseñar, que desde la fundación de la Hermandad acudieron a la salida procesional las mejores cuadrillas sevillanas ‑por aquel entonces de profesionales‑ como las mandadas por El Gaseosero, El Francés, Salvador Dorado “El Penitente”, Bejarano y Garrote, por mencionar los más señalados.

Crisis y crecimiento (1969 – 1993)

La historia de este período de la vida de la Hermandad es la historia del mandato del recordado D. Bernardo Hermosín Ballesteros, que llegó al cargo por razones que podríamos llamar accidentales, no obstante lo cual gobernó sabiamente la hermandad casi un cuarto de siglo. Tras la dimisión de D. José García Bono le sucedió D. Pedro Bravo en 1967, quien por problemas familiares no pudo llevar a cabo convenientemente su función. Ya al año siguiente de su elección dimitió, pero al no aceptar Francisco Caraballo relevarle hubo de continuar. Por fin se produce su dimisión irrevocable en 1969. Aquel año, que bien puede calificarse como crítico para la Hermandad, no pudieron celebrarse los cultos y casi no pudo realizarse salida penitencial. Un grupo de jóvenes, tras terminar sus respectivas ocupaciones, se dedicó a que su Cristo y su Virgen no tuvieran que quedarse en el templo. Recogieron las túnicas casa por casa, se encargaron de su reparto, contrataron la música y los costaleros, recaudaron fondos…

Gracias a su generoso esfuerzo pudo salir la cofradía, aunque el escaso presupuesto no permitió contar con costaleros para el paso de Cristo, que hubo de ser llevado a hombros de los propios nazarenos. Aquella singular estación de penitencia ha quedado como modelo de seriedad y recogimiento. A causa de la lluvia, hubo que retornar rápidamente al templo por La Plazuela. De todos modos, el objetivo quedó cumplido con creces y la continuidad de la Hermandad garantizada.

Poco más tarde ésta se reorganiza. A indicación de su Director Espiritual, Don Bernardo Hermosín acepta encabezar la candidatura para la Junta de Gobierno y ya en ese mismo año se marca como tarea inmediata la celebración de la Función de la Inmaculada.

Durante este periodo la Hermandad consigue su consolidación definitiva, en la que tiene no poca importancia el trabajo y el empuje del nutrido grupo de aquellos jóvenes, muchos de los cuales pasaron a ocupar cargos de responsabilidad.

Una apretada síntesis de lo realizado se hace imprescindible. En lo que se refiere a enseres de la cofradía, la relación se hace prolija: nueva candelería para el paso de Virgen (1975); respiraderos del paso de Virgen (1977); candelabros de cola, nuevas andas para el paso de palio y faldones nuevos para el paso de Cristo (1978); peana (1981); arreglo y plateado de varales de la Virgen (1984); arreglo del paso de Cristo por tres hermanos de forma desinteresada (1985); ciriales, varas, remates y dalmáticas (1987), Corona de Plata de Ley sobredorada, realizada en el taller de hijos de Juan Fernández. (1990), Saya de terciopelo azul bordado en Oro por Jorge Casal Zamora. (1992), etc.

Asimismo, Manuel Silva pinta un cuadro que representa a Nuestro Señor en la Última Cena e Isidoro Villalba realiza el lienzo del banderín de Ánimas. Anteriormente, en 1970, Dª Josefa y Dª Poder Alcalá y Henke donaron a la Hermandad cuatro cuadros con pasajes de la vida de santos de la Compañía de Jesús para que fueran colocados en la Capilla del Sagrario.

Por su parte la Capilla de Ánimas fue electrificada en 1972 y objeto de obras en 1977.

En 1976 salen por primera vez hermanos costaleros llevando al Stmo. Cristo del Amor; años más tarde, y de forma progresiva, ocurriría otro tanto con el paso de Virgen.

Especial mención merece la restauración de la imagen del Stmo. Cristo del Amor. Dado el estado en que se encontraba la talla, que a causa de las inclemencias del tiempo había sufrido un gran deterioro tanto en su encarnadura como en las juntas de madera, fue sometida la cuestión a votación en Cabildo General Ordinario celebrado el 29 de junio de 1981. Por abrumadora mayoría se decidió proceder a su inmediata restauración, que sería llevada a cabo por D. José Rodríguez Rivero-Carrera.Finalmente, el 7 de febrero del año siguiente, retornó al templo a las 9’30 de la mañana, celebrándose a continuación Santa Misa.

En el plano cultural ya quedó reseñada en un capítulo anterior la labor realizada. Actualmente, todos los titulares de la Hermandad reciben el debido culto.

Sin embargo, quizá la empresa más llamativa, acaso por su envergadura sea la construcción de la Capilla y Casa de Hermandad. Ya desde tiempo atrás se había postulado la compra de un local que sirviera para la guarda de los enseres y como lugar de encuentro de los hermanos.

El 7 de diciembre de 1972 se adquiere a Dª Carmen Sola Portillo una casa en la calle San Sebastián número tres, de 102 m2 de superficie. Posteriormente, dadas las necesidades de la Hermandad, el 9 de marzo de 1.979 se compra, también a Dª Carmen Sola, una casa contigua a la ya poseída, proveniente de la misma finca matriz, de 158 m2.

En varias etapas se construye la sala de juntas y almacén y en la planta superior una vivienda, para posteriormente proceder a techar la Capilla.

Hay que incluir además en el amplio haber de la gestión de la Junta de Gobierno, con su hermano mayor al frente, el recogimiento con que se efectúa la salida procesional, cuyo cortejo penitencial supera los doscientos cincuenta nazarenos.

Desarrollo de un estilo de Hermandad

Al prolongado y fructífero mandato de D. Bernardo Hermosín Ballesteros le suceden, D. Rafael Gil Morales (1993-1998), D. Bernardo Hermosín Campos (1998-2002),D. Guillermo García Gandul (2002-2007), D. Joaquín Bono Caraballo (2007-2011),D. Teodoro Jiménez Serrano (2011-2015) y D. José Enrique Oliver Aguilar, actual Hermano  Mayor. Mandatos que marcan la consolidación de la herencia marcada por D. Bernardo, caracterizada por el establecimiento de un estilo propio, enraizado en el clasicismo procesional sevillano y que poco a poco va calando en el mundo cofrade alcalareño, de tal forma que la popularmente conocida como la Hermandad de la Amargura, sus cultos internos y su Estación de Penitencia en la tarde del Jueves Santo se convierten en un referente entre las hermandades de Alcalá. Al cuidado en las formas se une una búsqueda de la naturalidad, de la justa medida de las cosas, intentándose alejar de todo aquello que pueda considerarse artificial, de los excesos y de la ostentación.

En este periodo cabe destacar que entre 2002 y 2003 nuestra Casa de Hermandad fue habilitada para la celebración de los cultos de la Parroquia debido a unas obras de restauración de la cubierta de la misma, así como la celebración en Diciembre 2004 del 150º aniversario de la proclamación del Dogma Inmaculista, contando la Solemne Función con la asistencia de su Excelencia Reverendísima el Cardenal Carlos Amigo Vallejo. La procesión con la Imagen de nuestra Titular por las calles de Alcalá se realizó sobre el paso de nuestra patrona la Virgen del Águila. En 2011 la Hermandad conmemoró el 75º aniversario de la muerte del que fuese Hermano Mayor de la Hdad. Sacramental de San Sebastián D. Agustín Alcalá Henke. Tanto en 2004 como en 2011 la Imagen del Santísimo Cristo del Amor presidió el solemne Vía Crucis cuaresmal de las hermandades de nuestra ciudad.